La dulce modorra, el compacto silencio de esas tardes, estaban aliviados por voces lejanísimas, gritos que eran casi susurros, ruidos indescifrables, y también unas bocinas tan gangosas como después no he vuelto a escuchar. Frente a mí el cielo estaba quieto, sin una nube, como otra pared. A veces esa monotonía celeste me ponía los párpados pesados y mi cabeza acababa por inclinarse hacia un costado, por lo menos hasta que encontraba la pared y el polvo de cal me llenaba la oreja.
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4 comentarios:
em fea, te qiero demasiado
a y, eem, pegate un tiro dale?
aa y otra cosa, SOS LA MEJOR DIBUJANDO AJJJJJJJJJJJJAJAJAJAAJAJAJAJ TE QIERO DEMASIADO FLAQITA HERMOSA
sos hermosa ludoviquita(L)
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